Proyecto Adictos a la Escritura: 22 de Marzo

Hola chicos.  A mi, como siempre, me pilla el toro, y llego un poco tarde a la entrega de Adictos de este mes. Sin embargo no es culpa mía, lo prometo: había escrito una historia en una hoja y esa hoja ha decidido desaparecer por lo que he tenido que volver a escribir y, por supuesto, he tardado dos horas en escribir una carilla de Word... Un desastre. Pero bueno, aquí estoy, con mi 22 de Marzo. Este mes tocaba proponer un título. Cada cual dijo uno y se le asignó otro. Y a mi me ha tocado este. Espero que lo disfrutéis y felices fiestas, que no he pasado ha felicitaros. Besos.

22 de Marzo

La vida se compara con miles de cosas. Es semejante a las ondas concéntricas que forma la piedra cuando la lanzas, con cierta maña y elegancia, a un estanque de aguas mansas: hay un suceso que produce dichas alteraciones y todo lo que hagas a partir de ese instante va a girar entorno a esa persona, canción o fecha. Eduardo, silencio y 22 de marzo, por ejemplo.


Buscábamos algún sitio en el que evadirnos del mundo. Íbamos caminando por la rivera del río y el Sol se reflejaba en el agua hiriéndonos los ojos. Aún así seguimos caminando por el arenoso camino, tropezando cada pocos pasos, ya que pretendíamos llegar a un viejo castillo que se encontraba a las afueras de nuestro pueblo y, para llegar allí, había que seguir el río. No era el mejor paseo pero valía la pena sudar un poco por ver el maravilloso espectáculo que aquella zona ofrecía. Antes de ver el monumento se aprecia su reflejo en el agua, que de vez en cuando interrumpía su descanso al ser perturbado por algún pez o ráfaga de viento. Siempre he pensado que el castillo debió ser hermoso en sus tiempos de esplendor, aquellos en los cuales los hombres montaban grandes caballos de guerra y cortejaban a damiselas que se empolvaban la cara y mandaban bordar bellos pañuelos para entregárselos a sus amados en las justas y así otorgarles suerte en las batallas. A pesar de contar veinte primaveras era aquello lo que más me gustaba de aquel lugar: la cantidad de historias que el paisaje te invitaba a crear. Eso, y la compañía de Eduardo, claro. No recuerdo el día que nos conocimos, ni tampoco el momento en el que nos hicimos amigos, pero sé que desde entonces ha llovido mucho. Sin embargo fue a principios de la adolescencia, cuando presumíamos de tener unos dieciséis años, cuando empecé a sentir algo más por él. Ya no sólo estaba ahí para guardar los secretos de otros, ahora también me sentía confiada contándole los míos. Ya no veía sus ojos negros como los del resto, los suyos brillaban con cierta diferencia... Y empezó a darme envidia el que mirara a otras compañeras o hablaba con ellas y no solo me brindara atención a mi. Con el paso del tiempo mis sentimientos se calmaron, que no desaparecieron, porque siguen ahí y por eso me gusta tantísimo ir a buscarle forma a las nubes, porque él siempre viene conmigo.
Empezamos a contar historias cuando, de pronto, la actitud de Edu cambia. Está nervioso, lo sé, pero lo que no entiendo es el porqué de ese repentino cambio de actitud. Saca de su bolsillo derecho una piedra limada por el paso del tiempo y la lanza al agua, haciendo que salte. Río y me invita a probar con otro chino. Soy un desastre.

–Tengo que contarte una cosa – me dice y empiezo a ponerme nerviosa pensando en lo que podría venir a continuación. –Supongo que he tardado demasiado tiempo en darme cuenta, pero dicen que más vale tarde que nunca. Espero que... que lo que voy a decirte ahora no influya en nuestra relación.
 
–No seas tonto Edu, ya sabes que eso nunca va a ocurrir.

–Ojalá sea cierto porque no me gustaría perderte por... ser gay.


La vida se compara con miles de cosas. Es semejante a las ondas concéntricas que forma una piedra cuando la lanzas, con cierta maña y elegancia, a un estanque de aguas mansas: hay un suceso que produce dichas alteraciones y todo lo que hagas a partir de ese instante va girando entorno a esa persona, canción o fecha. Eduardo, silencio y 22 de marzo, por ejemplo. Y al igual que la vida, no solo hay una piedra, ni una onda; suele ocurrir que varias se encuentran y se unan y giren al rededor de un mismo hecho, y al revés. O puede que sí, que solo exista una y se determine todo lo demás. Y eso puede gustarte, darte miedo o pillarte por sorpresa, o todo y nada a la vez. Pero así es la vida, impredecible, bonita, dura, extraña, mala, cruel, maravillosa...

5 comentarios:

strongberry dijo...

de verda que me gusto...

es muy gracioso cuando le dice que es gay! jajajaja...
yo tengo que disulparme contigo por no escribir nada... enserio que nada bueno ha salido de mi... pero al parecer tu no tienes esos problemas.... felicitaciones.. y sigue por este camino... :D

Dorothy McCougney dijo...

Tu relato es lindo y gracioso. Saludos.

Karuna dijo...

¡Ay Lydia!

Han pasado cinco meses que dejé de participar en este maravilloso grupo debido a un intenso semestre que tuve en la universidad, gracias a Dios me fue mejor de lo que pensé.

Jajaja, el título que propuso Strongberry me sonó como el nombre de una canción de La Oreja de Van Gogh, llamada "20 de Enero" del disco "Lo Que te Conté Mientras te Hacías la Dormida".

El caso está que la diferencia se encuentra en que la canción de 20 de Enero es una historia de amor; Mientras, el relato que nos compartiste en Adictos a la Escritura nos mostraste que una fecha no sólo guarda recuerdos preciosos, más bien momentos que nos cambian la vida.

El desenlace de tu historia, es el momento clave del título y de la vida misma.

¡Enhorabuena!

Saludos Karuna ^^

Lydia Pinilla dijo...

Hola chicas: ¡Feliz año!

Strongberry: siento que no pudieras participar, de verdad me hubiera gustado ver lo que salía del título que propuse. Pero no te preocupes, otra vez será.
Dorothy: gracias por tu mensaje. En cuanto pueda arreglo lo que dijistes.
Y Karuna: me alegro mucho por ti, es ejor dejar estas cosas a un lado y centrarte en lo que de verdad merece atención. No soy muy aficionada al grupo que has nombrado, aún así, ni la historia original ni esta tienen un final feliz... Los 22 me dan mala espina jajaja. Gracias por pillar la esencia del texto. Espero que todo vaya bien en la universidad y que tengas tiempo para volver a escribir.

Un beso a todas

Raquel Campos dijo...

Hola...
Un relato muy sencillo y gracioso. Muy bien escrito.

Un saludo!!